James Peck

La naturaleza en la piel

Cuando pensamos en una obra de arte, imaginamos aquello que ya conocimos y que aprendimos a denominar “arte”. Cuando contemplamos la naturaleza, imaginamos lo que conocemos siempre de una forma nueva y no tenemos palabras para denominar.

El paisaje surge allí como una forma de citar esa emoción, que embarga siempre de una forma diferente algo que conocemos. Emoción que somos capaces de reconocer cuando es capturada por algún artista.

 

James toma notas de su entorno, cargado de emociones invisibles, despobladas. Y volando como las aves que cruzan sus paisajes, se detiene en ellas porque no reconocen límites. Representan siempre aquello que anhelamos, la libertad de volar.

Las aves viajan ahora convertidas en representaciones hechas piel, en tatuajes que simbolizan anhelos compartidos. El paisaje, que fue una invención de los hombres, se transforma así en un paisaje humano, un devenir emocional que nos aúna. Ceñidos a nuestros territorios, el reto de representar el “paisaje humano” se vuelve casi una operación conceptual y social al margen de gobiernos y naciones.

 

El arte siempre busca extenderse más allá de los límites de aquello que entendemos o llamamos “arte”. Busca ir siempre más allá, para representar lo que ninguna fotografía capta, lo que ninguna canción canta, lo que nadie puede escribir.

 

El artista es el que busca ese límite con las herramientas más simples, porque esa es su verdadera naturaleza.

 

Leonel Luna, Marzo 2018