Andrea Moccio

A partir de las flores de un jardín de Quilmes

Todo comenzó con las fotografías tomadas en el jardín de la casa familiar de Quilmes, legado que sobrevive a la madre de la artista y que da sustancia a estas obras de rara y, a veces, inquietante belleza.

El esplendor sensual de flores y follaje, así como los signos de su vulnerabilidad como las huellas ruinosas dejadas por una tormenta, una plaga o cualquier avatar del ciclo biológico, se atesoran en estas piezas, mostrándonos estos rincones de naturaleza a los que pretendemos disciplinar con nuestros cuidados, pero en los que, de todas maneras, las fuerzas vitales se abren paso.

La decisión de Moccio de trabajar en blanco y negro, acentuando contrastes y enriqueciendo grises, tiene el particular efecto de otorgar cierta pátina de tiempo, como si de fotos de antiguos álbumes se tratara. A la vez, la elección del soporte, ligeros y texturados papeles hechos a mano, contribuyen a su presencia etérea, que parece hacer palpable la sustancia misma, sutil, huidiza y poblada de vacíos, de los recuerdos.

Las obras son el resultado de la recomposición de las imágenes previamente parceladas en cuadrícula, habilitando de esta manera a que cada parte sea copiada por una impresora doméstica –la misma que la artista utiliza en su taller serigráfico–, además de permitir el control y mantenimiento de una realización artesanal, en la que confluyen la fotografía y la gráfica experimental. Y a pesar de que ambas disciplinas tienen una naturaleza multiejemplar, de cierto modo, el método instrumentado la limita. Incluye una serie de pasos difíciles de replicar, como el control de la carga del toner que asegure la continuidad de valores y tonalidades en cada impresión, su retoque manual y el delicado sistema de yuxtaposición y pegado una por una, de las parcelas de papel –siempre diversas en la disposición y aspecto de fibras y oquedades– que arman la composición, la cual, como la memoria, se integra a partir de fragmentos.

 

Varias de estas piezas presentan algún sector en el que se superpone otra hoja del mismo papel, que contiene el símbolo de pausa –dos barras verticales inscriptas en un círculo– de los reproductores audiovisuales. Refiere a un momento de detenimiento: un particular fotograma de la película con la que una vida puede compararse. El nombre de Mi vida frame, dado por la artista a la carpeta que guarda los archivos de trabajo de esta serie, confirma la intención. Otras veces, los papeles sobrepuestos están atravesados por una textura de bandas, como una especie de muestra textil. Revisando la producción de la artista, se verifica que están tomadas de aspectos de sus objetos e instalaciones resueltos con papel colmena –el que se emplea para las guirnaldas plegables–, cuyos motivos, distintivos del arte de Moccio, protagonizan algunos ejemplares de este conjunto de tonergrafías.

 

Sin embargo, dominan las flores y su referencia al universo femenino, cuyo cultivo y cuidado se asigna tradicionalmente a madres y abuelas, además de aludirlo por su capacidad reproductiva. Aunque a veces, la extensión de una especie no necesite de los órganos sexuales que las flores contienen. Un gajo que pasa de un jardín a otro, o de un cantero a una maceta, basta para que una planta se vuelva centenaria multiplicándose entre los miembros de una familia, uniéndolos por mucho más que una cadena genética, sino por la transmisión de inclinaciones, costumbres, sensibilidades y emociones. Las obras de Moccio parecen encontrar en esa clase de herencia su sentido profundo y la carga metafórica que recorre la elección de temas, perspectivas y modos de ejecución, tan amorosa y apasionada como su mirada sobre azucenas, clivias, pasionarias, trompetas de fuego, jarillas, tacos de reina o filodendros, aunque en la conjunción de la toma fotográfica, la manipulación de la imagen y los accidentes de las superficies se trasluzca su inexorable caducidad.

En todo caso, la serie conmemorará, con cierta nostalgia, esa red vital de legados verdes, donaciones y remembranzas, desencadenadas por jardines con los que, de una u otra forma, nos hemos visto involucrados. A propósito… tengo que plantar el retoño de corazón de estudiante que Andrea me dio…